Durante años, el ejercicio en el embarazo se relacionó principalmente con mantenerse activa, controlar el aumento de peso o aliviar algunas molestias. Sin embargo, actualmente sabemos que sus beneficios pueden ir más allá: la actividad física regular también puede ayudar a reducir el riesgo de desarrollar algunas complicaciones del embarazo, como la diabetes gestacional y los trastornos hipertensivos.
Esto no significa que el ejercicio garantice que estas alteraciones no aparecerán. En su desarrollo intervienen numerosos factores, como la genética, la edad materna, el estado de salud previo, el funcionamiento de la placenta o los antecedentes obstétricos. El ejercicio debe entenderse como un factor protector dentro del cuidado global del embarazo, no como un tratamiento infalible.
¿Qué es la diabetes gestacional?
La diabetes gestacional aparece cuando, durante el embarazo, el organismo no logra compensar suficientemente el aumento natural de la resistencia a la insulina. Como consecuencia, los niveles de glucosa en sangre se elevan.
Durante el ejercicio, el músculo utiliza glucosa para obtener energía y puede aumentar su captación incluso con una menor necesidad de insulina. Cuando el entrenamiento se mantiene en el tiempo, también puede mejorar la sensibilidad a la insulina y contribuir a controlar el aumento excesivo de peso gestacional.
Una revisión sistemática con metaanálisis publicada en British Journal of Sports Medicine encontró que las intervenciones basadas exclusivamente en ejercicio se asociaron con una reducción aproximada del 38 % en las probabilidades de desarrollar diabetes gestacional frente a los grupos de control.
Una revisión posterior de metaanálisis concluyó igualmente que los programas de ejercicio durante el embarazo redujeron la incidencia de diabetes gestacional alrededor de un 39 %, aunque la magnitud del beneficio puede variar según las características de las participantes, el momento de inicio y la adherencia al programa.
Investigaciones más recientes siguen encontrando un efecto protector. Un metaanálisis de 2023 observó una reducción significativa del riesgo de diabetes gestacional en mujeres que realizaron ejercicio frente a quienes no lo hicieron, con un riesgo relativo de 0,66. Esto equivale aproximadamente a una reducción relativa del 34 %.
¿Y qué ocurre con la preeclampsia?
La preeclampsia es un trastorno hipertensivo que suele aparecer después de la semana 20 de embarazo. Se caracteriza principalmente por un aumento de la presión arterial y puede asociarse a alteraciones en distintos órganos. Requiere siempre seguimiento y control sanitario.
El ejercicio puede favorecer la salud vascular, mejorar la función endotelial, contribuir al control de la presión arterial y reducir ciertos procesos inflamatorios. Estos mecanismos podrían explicar parte de su efecto protector.
Por tanto, la conclusión más ajustada sería:
El ejercicio prenatal parece reducir el riesgo de preeclampsia, pero la evidencia es algo menos uniforme que la observada para la diabetes gestacional.
Esta variabilidad puede deberse a que la preeclampsia es una condición compleja, con múltiples mecanismos y factores de riesgo, y a que no todos los programas de entrenamiento estudiados utilizaron la misma frecuencia, intensidad o duración.
¿Qué cantidad de ejercicio puede ser beneficiosa?
Las recomendaciones actuales aconsejan que las embarazadas sanas y sin contraindicaciones acumulen, de forma progresiva, al menos 150 minutos semanales de actividad física aeróbica de intensidad moderada, repartidos a lo largo de la semana. También pueden incorporarse ejercicios de fuerza adaptados.
Los mejores resultados suelen observarse cuando el ejercicio:
- Se realiza de manera regular durante varias semanas.
- Combina trabajo aeróbico y de fuerza.
- Se adapta al estado previo, al trimestre y a la evolución del embarazo.
- Mantiene una intensidad moderada, salvo que exista experiencia previa y supervisión adecuada.
- Se acompaña de una alimentación equilibrada y un seguimiento obstétrico normal.
No existe un único tipo de entrenamiento que haya demostrado ser claramente superior para todas las mujeres. Lo importante parece ser la regularidad, la suficiente dosis de movimiento y la individualización.
¿Es seguro entrenar durante el embarazo?
En mujeres sanas y con embarazos sin complicaciones, comenzar o continuar con una actividad física regular se considera seguro y no aumenta el riesgo de aborto espontáneo, parto prematuro o bajo peso al nacer.
Sin embargo, la recomendación debe individualizarse si existe una complicación médica u obstétrica. El ejercicio no sustituye los controles prenatales, las pruebas de glucosa ni el seguimiento de la presión arterial.
También es importante recordar que una mujer puede entrenar adecuadamente y aun así desarrollar diabetes gestacional o preeclampsia. No debe interpretarse como un fallo personal, ya que ambas condiciones dependen de múltiples factores que no siempre se pueden modificar.
Conclusión
La ciencia respalda el ejercicio como una herramienta útil para cuidar la salud durante el embarazo. Los programas regulares y adaptados pueden disminuir de forma relevante el riesgo de diabetes gestacional y probablemente también el de preeclampsia e hipertensión gestacional.
La clave no es entrenar más ni hacerlo a cualquier intensidad, sino contar con una programación segura, progresiva y adaptada a cada etapa.
El ejercicio no elimina completamente el riesgo, pero sí puede ayudarnos a crear un contexto metabólico y cardiovascular más favorable para la madre y el bebé.






